martes, 7 de julio de 2015

Simples palabras, profundas reflexiones: ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina?

                En cada uno de nosotros, desde el amigable vendedor de diarios hasta el más reconocido arquitecto, se esconde un gran pensador. Miles de frases de uso cotidiano contienen, en su esencia, una concepción del mundo, una íntima idea sobre los interminables cuestionamientos del hombre (y la mujer). Comentarios entre vecinas decoradas por ruleros, discusiones que surgen en bares aledaños entre sus despreocupados habitués, descifran la forma en que ell@s -primero, siendo parte de un grupo, más tarde como autónomos individuos- entienden al mundo. Estas sencillas frases esconden profundas reflexiones. Una de ellas me llamó particularmente la atención por la claridad -oculta tras oscuras cavilaciones- con que manifiesta dos maneras distintas de entender las cosas; dos direcciones opuestas hacia las cuales dirigir la mirada; siempre intentando dar respuesta a las innumerables preguntas sin resolver con las que cargamos como parte de la humanidad.
 
"¿Qué fue primero: el huevo o la gallina?"

            Detengámonos, por un momento, a analizar con la mayor profundidad posible esta -en apariencia- inocente frase, organizada a modo de pregunta. En principio no parecería responder a un planteamiento concreto pero, sumergiéndonos en ella, encontraremos algo más que lo que su fachada nos muestra. 
                  Al cuestionarnos sobre cuál de los dos fue antes, nos preguntamos a la vez, retrocediendo al primer huevo -o gallina, lo mismo da-, sobre la génesis del mundo. Y no exagero. Tan solo repasemos, de manera involutiva, su árbol genealógico: toda gallina nace de un huevo, que a su vez fue puesto por una gallina anterior, concebida por otra gallina (huevo de por medio)... Nada nuevo, pero remontémonos hacia un pasado más distante, sigamos rebobinando la cinta de la evolución ¿con qué nos encontramos? Pensar en aves primitivas o, anterior a ellas, las primeras manifestaciones de vida, ya sin humanos que sirvan de testigos, no parece nada sencillo. Sigue siendo infinita la relación entre huevo y gallina; sin duda están íntimamente relacionados. Siempre que imaginamos algún ser viviente, surge en nosotros, de manera adjunta, la idea de un antecesor sin el cual no tendría forma de existir. Pero volviendo al camino que recorríamos… De seguir con este ejercicio de abstracción, desembocaríamos en la idea que cada uno de nosotros tiene sobre la inauguración de la vida, el comienzo del Universo, el surgimiento de la materia. ¿Y antes qué? ¿No había nada?, nos preguntaremos impacientes. Eso ya no nos importa, o no al menos desde el análisis de esta frase. Tan solo detengámonos en la primer partícula de vida... ¿surgió de un huevo? De ser así, ¿quién lo puso? A esto me refería antes cuando insinuaba dos caminos posibles. Creer el huevo anterior a la gallina, implicaría una concepción más emparentada con la ciencia. Huevo como génesis absoluta, a manera de Big Bang, del cual surgió la vida. Huevo como partícula inicial, la cual contiene en potencia, la materia toda; a partir del cual se fue consolidando la vida. En cambio, referirnos a una gallina como antecesora de todo huevo, nos involucra en un pensamiento más religioso; desentender la posibilidad de un inicio absoluto. Esa gallina estaba antes y punto. ¿Creación divina? ¿Por qué no?; nada menos válido que el punto anterior. De lo único que se puede estar seguro es que ambos se contraponen: o el huevo o la gallina. No existe síntesis posible. Sin intención de abordarla como tema, terminamos cayendo en la eterna dicotomía del hombre: la razón y la fe, como opuestos a partir de los cuales construimos nuestras creencias.
 

            Y todo este arduo recorrido partiendo de una frase tan popular como cotidiana, lo que demuestra lo profundas y complicadas que pueden llegar a ser algunas manifestaciones del hombre tan simples y corrientes en apariencia. Clara evidencia de lo que se esconde -de manera inconciente- tras monótonos comentarios de barrio o interferidas charlas de café.

            Carl G. Jung, médico psiquiatra analítico contemporáneo a S. Freud, utilizó el término "inconsciente colectivo" para dar cuenta del fondo compartido de recuerdos, ideas y formas de pensamiento que posee en común toda la raza humana. Así, los mitos, las leyendas y algunos símbolos serían elementos que emergerían, como manifestaciones colectivas del hombre, desde este inconsciente. Estos conceptos se vuelven más que interesantes, ya que nos permiten pensar la cultura -y dentro de ella, este tipo de frases que nos ocupan en este momento- como una de estas manifestaciones, con un trasfondo compartido y un sentido oculto, el cual debemos revelar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario