C. Wajnerman - P. Ruocco
“No... no se vaya a confundir... lo mío sí que es bajada de línea. Que
la línea sea curva, que sea por momentos una cuerda floja, que no baje como
látigo por la espalda, como regla o como vara, no quita su esencia ni su
dirección. Eso sí: tiene la potencia de achicarse hasta hacerse un punto
diminuto y doblarse hasta hacerse un círculo.”, dijo ella.
“¿Qué es lo que dice,
de modo tan poético y poco claro? ¿Qué es lo que esconde, tras bellas palabras
y frases enredadas? Porque yo no me confundo, eh. Creo saber muy bien cuáles
son sus intenciones. Y no las comparto: yo creo en otro tipo de líneas. Firmes
y definidas. Como un renglón, un subrayado, un piso. Que sostienen y
toleran. Que no andan cambiando de forma
ni de color, según vientos ocasionales. Y no creo que mi postura se preste a
dobles lecturas. No… no se vaya a confundir… lo mío sí que es bajada de línea.”, respondió él, o ella,… o quizás fueron ambos.

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