martes, 21 de julio de 2015

Paso de Dos Psicodramatistas por Chile: Apuntes del X Congreso Iberoamericano de Psicodrama | Crónica

                                                                                                      Pablo Ruocco – Gustavo Kendelman*

Lo que nos proponemos, en este artículo a dúo, es realizar una serie de comentarios, puntuaciones y notas, relacionadas con nuestra participación en el reciente X Congreso Iberoamericano de Psicodrama, celebrado en Santiago de Chile entre los días 29 de abril y 2 de mayo del corriente año.
Nuestra participación fue desde diversos lugares. Principalmente, como participantes de las distintas propuestas de talleres, exposiciones y mesas y, a la vez, como talleristas y expositores.
Intentaremos reflejar en este artículo las diversas líneas de afectación que nos han atravesado en la experiencia, que en cierto modo, quizá, reflejarán algo de nuestras inquietudes actuales respecto de lo grupal, del psicodrama, de la clínica, etc.



Recortes de un trayecto – Pablo Ruocco

En los siguientes párrafos, intentaré plasmar algunas sensaciones, ideas, resonancias, sobre mi recorrido personal a través de diversos espacios que tuve la oportunidad de transitar en el X Congreso Iberoamericano de Psicodrama – Santiago de Chile 2015. 
Sabiendo que el álbum de fotos que se muestra luego de un viaje, nunca podrá dar cuenta por completo de las experiencias vividas en el mismo, pero con la intención de compartir, desde la singularidad de mi mirada, algunas instantáneas de mi recorrido…

¿Se puede cambiar el futuro?
El primer espacio que transité en el Congreso, fue con una pregunta: ¿se puede cambiar el futuro? Ese fue el título que me convocó a participar de un taller coordinado por Jaime Winkler y “Yuyo” Bello.
Espacio convocante y atractivo, tanto por la temática como por quienes lo llevaban adelante. Primeros pasos, encuentros con otrxs (rostros conocidos, otros no tanto), en un espacio amplio y confortable. Consignas/preguntas que fueron guiando un caldeamiento oportuno y acorde a un inicio de Congreso. Pensar en el futuro. Cambios, proyectos, deseos, posibilidades… De repente, en una de las dramatizaciones, aparece la “muerte” como un real difícil de evitar. Resueno con una frase de una canción de Charly García: “¿Cuántas muertes tendré que morir, para ser siempre yo?”. 
Los signos que encuadraban la propuesta, así como también la frase, a modo de interrogante, fueron una constante a lo largo de mi travesía por este Congreso. Preguntas que abren, que movilizan, que generan incomodidades, que posibilitan la duda y, desde ella, la búsqueda de nuevas posibilidades. Diversas (y por momentos, divergentes) alternativas que se abren paso, como un haz de luz al atravesar un prisma. 
De ahí que también sean necesarios (al menos, necesarios para mí) espacios más apacibles, de reflexión. Aportes de otros, pensando CON otros, y siguen las preguntas… 

Aportes a una psicopatología psicodramática
Sala de “exposiciones”. Distinta a la anterior. En este caso, los roles, los lugares a ocupar, están mucho más claramente precisados: de un lado, un escritorio con su correspondiente silla, del otro, tres filas prolijamente ordenadas de sillas (iguales a la del escritorio, pero diferentes) para los participantes. 
Un expositor. Varios oyentes. Descanso de emociones. Frenar por un momento el cuerpo y las resonancias más sensoriales. Poner a trabajar las ideas, asociaciones, reflexiones. Poder pensar la singularidad de nuestra práctica clínica, de la mano de algunos conceptos reveladores: la imaginación radical, el personaje, etc. Debatir, escuchar, proponer… 
Hace 30 años, se decía que en Psicodrama había mucho de “psico” y poco de “drama”. Hoy día, con el auge del Teatro Espontáneo, y otras disciplinas afines, podemos dar cuenta de que dicha premisa se invirtió: mucho de “drama”, poco de “psico”. ¿Cómo pensar la práctica clínica, de consultorio, con Psicodrama hoy día? Aparece el personaje, concepto central en nuestras dramatizaciones, para abrir paso a una nueva posibilidad de pensar la Psicopatología. 
Grandes maestros y pensadores del Psicodrama en un mismo espacio. Intervenir, preguntar, generar nuevas reflexiones en un marco propicio. De dicha exposición, me llevé la convicción de que la quietud no implica inmovilidad, todo lo contrario. 

Psicodrama y Arte: congéneres
Y vuelta a un espacio de Taller. Esperar afuera. Por fuera. Entrar. Sorpresa, ansiedad. Una instalación, con “instaladxs”. Sujetos afectados, que invitan a ser intervenidos. Intervengo.
Alegrías y preguntas. Desterritorializaciones. Agrupaciones que construyen producciones a partir de las resonancias de las afectaciones singulares. Hombres y mujeres. Diferencias e igualdades. 
Multiplicación Dramática con bordes imprecisos. ¿El escenario? Espacio dramático ampliado, extendido. De repente, se incluye un objeto, una cruz que colgaba de la pared. Alguien realiza un símbolo de “fuck you”, que captura. Otra persona la agarra y la saca del salón. Una tercera la busca y la ingresa, nuevamente. 
El grupo queda atrapado por lo unívoco del símbolo. Alguien la da vuelta, deviene una espada. Explosión de sentidos. Se retoma la vía de la multiplicación. 
¿Cómo ubicar algo del orden del “borde” en una propuesta tan abierta? ¿Qué posibilidad de desbordes habría, al no delimitar el espacio? ¿Dónde empieza y termina el escenario en Psicodrama? La provocación, derivación genuina de todo proceso artístico, logró su cometido: terminé mí recorrido por el Congreso con menos respuestas y más preguntas que al inicio. 



Dos cuestiones – Gustavo Kendelman

Al pensar en relación a la escritura acerca de mi participación en el X Congreso Iberoamericano en Chile, insisten dos cuestiones, que intentaré esbozar a continuación.

Primera cuestión: Afectaciones
Tiene que ver con algo que pude pensar finalizando el taller en el que participé el día sábado, último día del Congreso, en el último de los horarios. El espacio que comenzaba a marcar la finalización del tan esperado evento…
Y lo que insiste tiene que ver con un tema que, podría decir, viene instalándose como pregunta, como inquietud, a veces con cierta incomodidad. Está relacionado con la posibilidad de pensar y pensarnos (en tanto coordinadores de un grupo, en tanto psicodramatistas principalmente) al momento de proponer un espacio de taller vivencial cuya condición misma de posibilidad es lo efímero, al menos en lo que a tiempos y espacios de existencia en presencia del taller y sus participantes y coordinadores se trata. En fin, la pregunta sería, ¿Cómo pensamos y proponemos un espacio vivencial cuando ese espacio durará unas dos horas y luego cada quien retomará sus espacios y no está la posibilidad de enmarcar lo trabajado en un proceso? En este punto, ya saliendo de la sede del congreso (se había terminado…!) y conversando con una colega, pensaba que hay algo que podríamos decir, en tanto coordinadores, cuando se proponen espacios de un gran compromiso emocional, muchas veces desde lo personal compartido en grupo, algunas veces desde cierto goce catártico-exhibicionista con público.
Y es que una de las cosas que podemos “llevarnos”, es la posibilidad de habernos dejado afectar. Haber sido afectados por una consigna, entonces por un recuerdo, por la evocación de un rostro, de un tono de voz, de una temperatura o de lo que sea, es algo que tiene, digo, un valor en sí. Más allá de la modalidad de manifestación de dicha afectación (más ruidosa, en silencio, apenas visible o claramente emocionadxs), lo que creo que debería ser importante señalar es que si nos hemos afectado, es porque tenemos esa capacidad, de ser afectados, en nosotros (no diría que tenemos esa capacidad “dentro” de nosotros porque creo que la polaridad adentro/afuera, y más en un grupo de psicodrama es, por lo menos, difusa). ¿Hemos necesitado que dicha afectación lograra tomar cuerpo en un espacio grupal? Pues es importante que registremos eso también. ¿Hemos sentido un profundo bloqueo en nuestra capacidad de ser afectados? Pues entonces es importante quedarnos también con ese registro. El registro del bloqueo es el contradictorio registro de una afectación otra, defensiva quizá pero creo que no se agota en esta finalidad; pero sostengo que si hay registro del bloqueo, ya hay algo allí… La contracara de esto sería la realización de un “como sí dentro del como sí”, donde nos deslizaríamos desde el complejo y ambiguo territorio de la ficción al frío desierto de lo falso.

Segunda cuestión: Y lo grupal…
Para finalizar, y a partir de los espacios en los que tuve la posibilidad de participar, pienso en el escaso lugar que ha tenido lo grupal como elemento que merece y necesita de un espacio de pensamiento y teorización. Los grupos han estado presentes de hecho, pero mi impresión (y aclaro, es la impresión que me llevo escribiendo únicamente a partir de mi experiencia en los distintos talleres en los que pude participar) es que lo que (in)justamente se da por sentado constituye uno de los pilares en los que nuestras prácticas como psicodramatistas se apoya, se trate del grupo como elemento-espacio-objeto en presencia o como grupalidad interna…
Creo que ciertos fenómenos que tienen lugar en una configuración grupal le otorgan mayor consistencia al psicodrama y, en sentido inverso, el psicodrama se constituye como una práctica (término que contiene, incluye y presupone una teoría) privilegiada para tener en los grupos su escenario principal.
Gracias a Gloria Reyes y equipo por haber organizado un gran Congreso Iberoamericano, que disfrutamos desde múltiples lugares. Nos preparamos para Lisboa 2017. Allí estaremos.


*Psicólogos - Psicodramatistas
Miembros del Equipo Docente de
 Nuevo Espacio Psicodrama Grupal Pavlovsky
pabloruocco@hotmail.com | gkendelman@gmail.com

Texto publicado en la Revista Campo Grupal N° 178, Julio de 2015

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