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lunes, 28 de marzo de 2016

El Psicodrama y "lo mágico" | Ensayo


Pablo Ruocco

A lo largo de los siguientes párrafos, intentaré reflexionar sobre una relación un tanto ambigua – al menos para quien escribe – entre el Psicodrama y “lo mágico”. Mi objetivo no será construir certezas ni cerrar sentidos sino, muy por el contrario, generar algunos interrogantes que inviten a las más diversas resonancias al respecto.
El año pasado, coordinando uno de los encuentros correspondientes a la Formación en Psicodrama de la institución a la cual soy parte - Psicodrama Grupal Pavlovsky - una estudiante hizo referencia, luego de dramatizar una escena propia, a que “el Psicodrama es mágico”. En seguida recordé haber escuchado en diversas situaciones - otros encuentros, Jornadas y Congresos - menciones similares en referencia a “lo mágico” del Psicodrama. Siempre me resultó al menos enigmática esa adjetivación. De inmediato, me surgió la siguiente pregunta: ¿El Psicodrama es mágico?
Según el diccionario de la Real Wikipedia Española – verdadero cúmulo grupal de significantes – el concepto o la idea de “lo mágico” se puede desambiguar en magia o ilusionismo. Por un lado, la palabra magia proviene del latín magīa, derivado a su vez del griego mageia, que significa ‘cualidad de sobrenatural’, probablemente del antiguo persa maguš, que contiene la raíz magh-, ‘ser capaz’, ‘tener poder’, haciendo referencia a la antigua casta sacerdotal persa y a su vez del sánscrito maga, ‘ilusión’, de la raíz may, ‘obrar’, ‘mover’. Refiere al arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales. Por el otro lado, el ilusionismo es un arte escénico, subjetivo, narrativo y espectáculo de habilidad e ingenio, que consiste en producir artificialmente efectos en apariencia maravillosos e inexplicables mientras se desconoce la causa que los produce.
Habiendo buceado en las etimologías y diferenciaciones de estos conceptos, vuelvo sobre el Psicodrama. Entiendo que cuando se hace referencia a “lo mágico” en Psicodrama, se lo hace en tanto una manera de darle sentido, explicación o forma a sensaciones, despliegues, afectos y/o efectos que puedan surgir en una dramatización y, a los ojos de la lógica, resulten inexplicables. Entonces, “es mágico”. Como no se puede asociar, comprender o encajar en patrones lógico-racionales conocidos, es mágico.
Desde mi singular modo de entender y ser afectado por el Psicodrama, nada más lejano que asociarlo a la magia. Mientras escribo, pienso que quizás sería más conveniente asociarlo al ilusionismo.  En tanto que una parte de su definición se refiere a elementos pasibles de ser asociados con el Psicodrama: arte escénico, subjetivo, narrativo... Si continuamos con la definición anteriormente citada, nos encontramos ante cierta contrariedad: espectáculo de habilidad e ingenio, que consiste en producir artificialmente efectos en apariencia maravillosos e inexplicables mientras se desconoce la causa que los produce. Si bien podría resultar homologable hasta cierto punto la necesidad de “habilidad e ingenio” tanto para el rol de ilusionista como para el director en Psicodrama, resulta menos análoga la referencia a la “artificialidad” de los efectos. Es bien sabido que si bien en Psicodrama trabajamos en el “como sí”, dicho encuadre no impide que las resonancias, sensaciones y catarsis –por nombrar sólo algunos de los efectos – tengan algo de artificio. Más bien todo lo contrario. Por último, y en relación a las causas, creo que aquí es donde radica la raíz de la pregunta con la que titulé este escrito. Tanto el mago como el ilusionista producen sus efectos, a expensas de que su público desconozca el proceder de sus medios para lograr su objetivo. Es cierto que el rol ilusionista se asocia más a la utilización de una serie de técnicas y recursos para su desempeño. Similar es el caso de quien trabaja con Psicodrama. De todas maneras, no es nuestro objetivo – o más bien, no debería serlo – el de esconder nuestras causas ni mucho menos quedar cristalizados en roles habilidosos ni ingeniosos. No, nada de eso.
Desde el Psicodrama de la Multiplicidad, desarrollado por uno de los pioneros del Psicodrama en Latinoamérica, Eduardo “Tato” Pavlovsky, consideramos al director de escenas como alguien que debe pasar lo más inadvertido posible. No ser más protagonista que el protagonista. No recibir aplausos ni alabanzas por su creatividad e inteligencia. El Director debe correrse de la luz, evitar ser el foco de atención, para delegar esa posibilidad a la producción grupal. Des-rostrizarse. Dirigir sin ser directivo. Acompañar al protagonista en su despliegue sin direccionar el desarrollo de su escena. Habilitar y posibilitar las resonancias y producción grupal, en tanto potencia.
Ni magos ni ilusionistas. El Psicodrama no es magia, tampoco una ilusión. Es una disciplina que viene desarrollándose con mucha vehemencia, que está fundamentada en teorías, conceptos y desarrollos técnicos y que no pretende aplausos ni reconocimientos fascinantes. Tan sólo poder ser un vehículo posible, con la ética de cada encuadre en particular como marco, hacia un bienestar de cada sujeto, con y en relación a otros.


viernes, 18 de marzo de 2016

Notas acerca de un uso posible de la Música en Psicodrama | Ensayo


Gustavo Kendelman
 gkendelman@gmail.com

En el cuaderno donde comencé a escribir este breve artículo, quedan varios párrafos, en suspenso hasta nuevo aviso, en los cuales intento dar cuenta de un modo más “teórico” (no encuentro otro término en este momento) sobre el tema del título. Si esos párrafos llegaran a convertirse en otro artículo, tendrán que ver con cuestiones tales como qué tipo de movilizaciones puede llegar a producir la música, los factores regresivos en juego (junto con la enorme capacidad de la música para que ellos surjan), las interferencias o direccionamientos (tomando la distinción que realiza Marcelo Percia respecto de dirigir y direccionar) que podrían producirse a través del uso de este recurso, los posibles para qué del uso de la música, etc.
Pero ahora tengo ganas de compartir un modo de trabajar con música que particularmente me gusta mucho. Dejo en claro que es probable que haya tantos modos de utilizarla, junto con lo musical, como coordinadores y grupos existan.
La modalidad que referiré no requiere de la utilización de ningún CD ni equipo de música (en general  me oriento a la prácticamente nula utilización de objetos concretos y reales; esto no se debe a que tenga algún tipo de objeción ante la posibilidad de su uso, es simplemente un rasgo personal…). En fin, les decía entonces que lo que me gusta proponer es que cada unx evoque una melodía. Una evocación, en un primer momento silenciosa, un repiqueteo íntimo con otrxs… En general solicito que se le dé lugar a la primera que aparezca, sin ningún prejuicio ni valoración estética. El pedido de esta consigna es generalmente luego de un caldeamiento más o menos inespecífico, estando todxs en movimiento. Sostengo que la posibilidad de evocar ya sea una melodía, un color, un recuerdo, un afecto, etc., tiene mayores (y  hasta diría mejores) condiciones de surgir en el contexto de una caminata (o del movimiento que sea posible) que estando sentados en el piso o acostados (Evans y Smolovich, en su artículo “La formación en psicodrama psicoanalítico grupal” han trabajado de modo muy bello las implicancias de la propuesta del simple “¿Caminamos?”).
A esa evocación silenciosa pido que lentamente vayan dándole más volumen, más cuerpo, mayor intensidad. Todos juntos, a la vez. Suelo pedir que a esa melodía, en un volumen intermedio (puede haber momentos previos realmente caóticos) le agreguen algún/os movimiento/s corporal/es, movimientos evocados en conexión con la melodía o canción que cada quien ha traído. Nótese que no propongo bailar. Creo que si la consigna fuese bailar, el universo de movimientos posibles quedaría sensiblemente limitado. La posibilidad de afectación y de creación podría verse disminuida, dejando por fuera posibles movimientos anómalos con una potencial capacidad subjetivante (dejo para otro momento la cuestión  de pensar qué nos va pasando con el bailar, así como con el dibujar: lxs niñxs bailan antes de caminar, un baile propio, caótico a veces, pero rebosante de alegría. Lo mismo con el dibujar, ¿qué niñx no pasa por el dibujo previamente a la adquisición de la lectoescritura? ¿Dónde queda esa necesidad casi imperiosa de que el mundo pase por esos trazos, ya sean en papel, ya sean corporales…?). Por todo esto es que no propongo bailar sino movernos.

Hasta aquí, entonces, una consigna. Desde las líneas que piensotrabajo (psicodrama de la multiplicidad), lo que se va produciendo en el grupo a partir de la consigna que les cuento puede tener diversos devenires. Evocación de escenas, evocación imaginaria de otrx/s que podría/n acoplarse a mis movimientos, profundizar la línea de lo corporal habilitado por el trabajo previo, en fin, lo que me gusta llamar la cadena asociativa dramática. Se podría también pasar a un momento de sharing verbal… En los grupos de formación, estas consignas me parecen muy interesantes para transmitir de modo vivencial las múltiples vías de evocación de escenas, recuerdos, afectos, etc. La mencionada cadena asociativa… Porque como dice Fabián Casas: “Nuestra vida está hecha de imágenes que se incrustan en la memoria precisamente porque remiten a tantos significados que no podemos darle un solo sentido y guardarlas en el cajón para siempre. Estas imágenes no nos dejan tranquilos. Y es probable que ninguna imagen, ninguna canción sea tan importante si no le agregamos nuestra huella vital (“Abbey Road”, en Ensayos Bonsai, subrayado propio)”.

martes, 3 de noviembre de 2015

Eduardo “Tato” Pavlovsky | Crónica de una Jornada Multiplicada

Pablo Ruocco



Eduardo “Tato” Pavlovsky falleció el pasado 4 de octubre. Sin duda, nos dejó una variada multiplicidad de versiones de sí mismo, varios “Tatos”: el médico apasionado, el actor comprometido, el psicoanalista transgresor, el psicodramatista creativo e innovador, el intelectual sensible.
Desde mi lugar de discípulo, aprendiz, continuador de su obra, me permito compartir una Crónica que escribí a propósito de una Clase Institucional de Nuevo Espacio Psicodrama Grupal Pavlovsky, la Escuela de Formación en Psicodrama que él dirigía, junto a su hija Carolina – ahora, directora de la misma – y de la cual formo parte del equipo docente desde el año 2009.

Aclaración: elegí compartir estas vivencias, sin intervenirlas desde mis afectaciones actuales. Sería como volver a mirar una foto algo antigua, imperfecta, sin la necesidad de retoques estéticos.

Sábado 24 de Noviembre de 2012, 11 hs.
Ciudad de Buenos Aires

Ansiedad. Eso se respiraba sobre la vereda de la calle Corrientes al 3600, más exactamente en la puerta del Centro CAEPS. Sonrisas, miradas cómplices, encuentros entre estudiantes, docentes, amigos/as, colegas… Diversas imágenes se iban sucediendo en esa espera, como si no fuese necesario hacer soliloquio alguno. Muy probablemente, el “sentir” hubiese sido compartido por todos: “¡ansiedad por ver a Tato!”.
De repente, y sin saber bien por dónde, llegó el tan ansiado protagonista de nuestra Jornada Institucional.  Y aunque insistamos con lo grupal, debemos ser sinceros y decir que, en el mejor de los casos, éramos cientos de yoes auxiliares, para un protagonista: Eduardo “Tato” Pavlovsky, uno de los pioneros en el desarrollo del Psicodrama en Argentina, co-creador, junto con Hernán Kesselman, de la Multiplicación Dramática –aunque algunos minutos después confesaría que no sabe, ni siquiera importa quién de los dos fue el creador de dicho dispositivo.
De forma lenta aunque constante, mientras iba subiendo las escaleras que conducían al salón donde se realizaría la Jornada, quienes estábamos afuera, lo fuimos siguiendo, cual feligreses del Psicodrama.
Una vez ubicado en su rol de orador –el cual, pocos minutos después devino en coordinador- un silencio colmado de respeto y afecto invadió el espacio, para dar lugar a un sinfín de definiciones, pensamientos, anécdotas y recuerdos.
“No nos conocemos, así que propongo que ustedes pregunten y yo voy respondiendo”, propuso para romper el hielo, con una voz que no necesitó micrófono ni amplificación alguna para hacerse oír. “Pero pregunten desde la inocencia…”, aclaró inmediatamente. Como si quisiera correrse de su lugar de maestro, mentor, para ocupar, simplemente, el lugar de alguien que puede hablar desde su –amplio, múltiple, rizomático- recorrido trazado a lo largo de su vida. Y hablaron varios Tatos: el niño nadador, el adolescente enamorado, el joven médico, el analizado, el coordinador de grupos, el apasionado por el teatro, el pregonero de la creatividad… Y habló de todo: de lo que pensaba sobre los pecados, de la creatividad,  de la cura, de su visión de la política nacional, del futuro del Psicodrama…
Hasta que en un momento, dejó de hablar: “¿por qué no hacen algunas multiplicaciones dramáticas?, pero algunas, no más de diez…”, sugirió con una aparente inocencia. Inmediatamente, se fueron sucediendo diversas multiplicaciones, que devinieron en nuevas intervenciones de su parte, que de forma rizomática fueron afectando de las formas más diversas y singulares, a todos los presentes: cuerpos movilizados, sonidos que decían sin decir, emociones de las más variadas, se fueron desplegando desde la más genuina multiplicidad. Y en ese mismo devenir, casi imperceptiblemente, el Tato-coordinador, fue perdiendo rostridad, cediéndole el protagonismo al grupo todo.
 “Ya está”, sentenció en un momento. “Ahora me voy, sin nada que explicar, esto es así, no hay nada que entender…”. Y se fue. Haciendo cuerpo eso que el mismo definió como “tolerar el caos”.  
Y ese primer olor a ansiedad, mutó en un cálido gusto a satisfacción, sabrosa e incómoda felicidad: una confusa,  aunque reconocible sensación de que, por unas horas, todos los presentes –y algunos ausentes, sin duda- formamos parte de un hecho único: un encuentro del Psicodrama Grupal de la Multiplicidad.


 “Ya está”, sentenció en un momento. “Ahora me voy, sin nada que explicar, esto es así, no hay nada que entender…”. Y se fue. Haciendo cuerpo eso que el mismo definió como “tolerar el caos”. 
Y sus palabras de aquella Jornada de hace tres años cobran nuevos sentidos. A quienes tuvimos el placer de conocerlo, será momento de tomar su legado y continuarlo, darlo a conocer, expandirlo. A quienes no hayan tenido la oportunidad de tomar contacto con su amplia y heterogénea obra, quedan todos invitados a conocer a un gran hombre.


martes, 28 de julio de 2015

Sobre las (im) posibilidades de entendernos con otros/as | Psicodrama de la Vida Cotidiana

Pablo Ruocco

                Retomando esta joven aunque entusiasta columna, les recuerdo que la propuesta es pensar el Psicodrama, mejor dicho desde el Psicodrama, escenas de la vida cotidiana, situaciones comunes, aparentemente banales,  para poder mirarlas, desde una perspectiva grupal –en este caso, yo escribiendo, ustedes leyendo-, y poder, en conjunto, reflexionar al respecto. El desafío será el de indagar en sucesos en apariencia triviales, sin la exigencia de generar teoría, sino un modo singular de producir texto, enhebrando experiencias, situaciones, “escenas” de la vida cotidiana, con los modos de intervención, técnicas y conceptos provenientes del Psicodrama. Esa es la propuesta…

En esta oportunidad les quiero compartir una situación que no fue una, sino muchas. A propósito del X Congreso Iberoamericano de Psicodrama, hace algunos meses, tuve la oportunidad de viajar al país hermano de Chile, más precisamente a su ciudad capital: Santiago de Chile.
A lo largo de la estadía, junto a los colegas con quienes viajé, nos sucedió en varias oportunidades, la situación de acercarnos a algún/a chileno/a a consultarle algo (ubicación de alguna calle, algún pedido en un local de comida, etc.). A pesar de hablar el mismo idioma –el castellano- fueron muchas las oportunidades en las que nos sentimos desencajados al no poder comprender su respuesta, ya sea por la utilización de algunas palabras muy específicas –modismos- de su país, como así también por la velocidad o modo –distinto al nuestro, argentino – en el que hablaban.
La escena que quiero compartirles trata sobre la posibilidad/imposibilidad de entendernos/ hacernos entender con otros/as.

Escena: en este caso, describiré una situación específica que percibí de cerca, entre un colega que viajó conmigo a Chile y un vendedor de un comercio de comida.
El protagonista de esta escena es un colega psicólogo y psicodramatista, de unos 40 años, que llamaré H. El lugar en el que se desarrolla la situación es un local de comida, algo similar a un kiosco. Además de H., el otro personaje será el encargado del local.
La escena comienza cuando H. ingresa al local y pide algo para comer. El comerciante le describe una variedad de posibilidades, muchas de ellas difíciles de entender para H.: Barros Jarpa, Barros Luco, sándwich en pan de molde, gordas, completo italiano…
Ante el desconcierto y la enorme dificultad para comprender las opciones culinarias, H. pregunta qué es un sándwich en pan de molde. El comerciante, entre resignado y algo fastidioso, saca de un mostrador un envase con dos sándwiches de pan de miga y se lo muestra.

Despliegue de la escena
Rápidamente, podríamos dar cuenta que, en esta escena, el protagonista es H. Por otro lado, tenemos un Yo Auxiliar: el comerciante. Si imagináramos el comercio, repleto de objetos comestibles y bebibles, podría ser interesante darle “voz”  alguno de ellos, testigos silenciosos de esta escena de desencuentros.
En un primer momento, podríamos indagar sobre los pensamientos y sensaciones –soliloquios- de cada uno de los personajes de la escena: por un lado, H. siente “hambre, ganas de comer algo, de probar algún alimento típico de Chile”. El Comerciante, al identificar rápidamente a H. como extranjero, podría tener “sensación de extrañeza” y un pensamiento del tipo: “otra vez tendré que hacer un esfuerzo extra para hacerme entender”.
Avancemos en la situación. H. pregunta qué es lo que puede comprar para comer. El comerciante le ofrece algunas opciones: Barros Jarpa, Barros Luco, sándwich en pan de molde, gordas, completo italiano…
Un ejercicio más que interesante, sería el de pedir al grupo –en este caso, a ustedes, lectores- que hagan lo que en Psicodrama llamamos doblajes: poder ubicarse imaginariamente, en el lugar de alguno de los dos personajes y expresar qué otras cosas podrían estar diciendo o pensando. Del lado de H.: “no te entiendo, me podés ser más claro?”, “por qué hay tanta diferencia con un kiosco de Argentina?”, “me enoja mucho no poder entender a este tipo!”. Del lado del comerciante: “¿qué es lo que no entiende?,¡ si estoy siendo claro!”, “Dale, decidite y comprá, que hay gente esperando!”. Y la lista de doblajes, seguramente sería infinita.
¿Cuántas veces nos encontramos con situaciones similares, en donde nos resulta muy difícil poder entender al otro/ hacernos entender? En el trabajo, en la calle, incluso en el seno de la familia, de manera frecuente podemos encontrarnos con que resulta muy compleja, e incluso confusa, la comunicación con el otro. ¿Qué alternativas podríamos encontrar ante tales dificultades? ¿Cuánto inciden las nuevas modalidades de comunicación –celulares, video-llamadas, etc- en mantenernos cada vez más in-comunicados?
Volviendo a nuestra escena, podemos dar cuenta cómo la diferencia de costumbres, modismos y formas, dificulta la comprensión entre personas. Al mismo tiempo, son esas particularidades, tan propias de cada cultura, incluso de cada pueblo o barrio en que vivimos, las que nos forjan nuestra identidad.
Quizás podríamos pensar que comprender al otro en su totalidad es, en definitiva, una utopía. ¿No resultaría más provechoso tolerar las diferencias, incluso tolerar las incomprensiones y convivir con ellas, sin considerarlas un obstáculo, sino más bien algo diferente que nos enriquece y distingue?

martes, 21 de julio de 2015

Paso de Dos Psicodramatistas por Chile: Apuntes del X Congreso Iberoamericano de Psicodrama | Crónica

                                                                                                      Pablo Ruocco – Gustavo Kendelman*

Lo que nos proponemos, en este artículo a dúo, es realizar una serie de comentarios, puntuaciones y notas, relacionadas con nuestra participación en el reciente X Congreso Iberoamericano de Psicodrama, celebrado en Santiago de Chile entre los días 29 de abril y 2 de mayo del corriente año.
Nuestra participación fue desde diversos lugares. Principalmente, como participantes de las distintas propuestas de talleres, exposiciones y mesas y, a la vez, como talleristas y expositores.
Intentaremos reflejar en este artículo las diversas líneas de afectación que nos han atravesado en la experiencia, que en cierto modo, quizá, reflejarán algo de nuestras inquietudes actuales respecto de lo grupal, del psicodrama, de la clínica, etc.



Recortes de un trayecto – Pablo Ruocco

En los siguientes párrafos, intentaré plasmar algunas sensaciones, ideas, resonancias, sobre mi recorrido personal a través de diversos espacios que tuve la oportunidad de transitar en el X Congreso Iberoamericano de Psicodrama – Santiago de Chile 2015. 
Sabiendo que el álbum de fotos que se muestra luego de un viaje, nunca podrá dar cuenta por completo de las experiencias vividas en el mismo, pero con la intención de compartir, desde la singularidad de mi mirada, algunas instantáneas de mi recorrido…

¿Se puede cambiar el futuro?
El primer espacio que transité en el Congreso, fue con una pregunta: ¿se puede cambiar el futuro? Ese fue el título que me convocó a participar de un taller coordinado por Jaime Winkler y “Yuyo” Bello.
Espacio convocante y atractivo, tanto por la temática como por quienes lo llevaban adelante. Primeros pasos, encuentros con otrxs (rostros conocidos, otros no tanto), en un espacio amplio y confortable. Consignas/preguntas que fueron guiando un caldeamiento oportuno y acorde a un inicio de Congreso. Pensar en el futuro. Cambios, proyectos, deseos, posibilidades… De repente, en una de las dramatizaciones, aparece la “muerte” como un real difícil de evitar. Resueno con una frase de una canción de Charly García: “¿Cuántas muertes tendré que morir, para ser siempre yo?”. 
Los signos que encuadraban la propuesta, así como también la frase, a modo de interrogante, fueron una constante a lo largo de mi travesía por este Congreso. Preguntas que abren, que movilizan, que generan incomodidades, que posibilitan la duda y, desde ella, la búsqueda de nuevas posibilidades. Diversas (y por momentos, divergentes) alternativas que se abren paso, como un haz de luz al atravesar un prisma. 
De ahí que también sean necesarios (al menos, necesarios para mí) espacios más apacibles, de reflexión. Aportes de otros, pensando CON otros, y siguen las preguntas… 

Aportes a una psicopatología psicodramática
Sala de “exposiciones”. Distinta a la anterior. En este caso, los roles, los lugares a ocupar, están mucho más claramente precisados: de un lado, un escritorio con su correspondiente silla, del otro, tres filas prolijamente ordenadas de sillas (iguales a la del escritorio, pero diferentes) para los participantes. 
Un expositor. Varios oyentes. Descanso de emociones. Frenar por un momento el cuerpo y las resonancias más sensoriales. Poner a trabajar las ideas, asociaciones, reflexiones. Poder pensar la singularidad de nuestra práctica clínica, de la mano de algunos conceptos reveladores: la imaginación radical, el personaje, etc. Debatir, escuchar, proponer… 
Hace 30 años, se decía que en Psicodrama había mucho de “psico” y poco de “drama”. Hoy día, con el auge del Teatro Espontáneo, y otras disciplinas afines, podemos dar cuenta de que dicha premisa se invirtió: mucho de “drama”, poco de “psico”. ¿Cómo pensar la práctica clínica, de consultorio, con Psicodrama hoy día? Aparece el personaje, concepto central en nuestras dramatizaciones, para abrir paso a una nueva posibilidad de pensar la Psicopatología. 
Grandes maestros y pensadores del Psicodrama en un mismo espacio. Intervenir, preguntar, generar nuevas reflexiones en un marco propicio. De dicha exposición, me llevé la convicción de que la quietud no implica inmovilidad, todo lo contrario. 

Psicodrama y Arte: congéneres
Y vuelta a un espacio de Taller. Esperar afuera. Por fuera. Entrar. Sorpresa, ansiedad. Una instalación, con “instaladxs”. Sujetos afectados, que invitan a ser intervenidos. Intervengo.
Alegrías y preguntas. Desterritorializaciones. Agrupaciones que construyen producciones a partir de las resonancias de las afectaciones singulares. Hombres y mujeres. Diferencias e igualdades. 
Multiplicación Dramática con bordes imprecisos. ¿El escenario? Espacio dramático ampliado, extendido. De repente, se incluye un objeto, una cruz que colgaba de la pared. Alguien realiza un símbolo de “fuck you”, que captura. Otra persona la agarra y la saca del salón. Una tercera la busca y la ingresa, nuevamente. 
El grupo queda atrapado por lo unívoco del símbolo. Alguien la da vuelta, deviene una espada. Explosión de sentidos. Se retoma la vía de la multiplicación. 
¿Cómo ubicar algo del orden del “borde” en una propuesta tan abierta? ¿Qué posibilidad de desbordes habría, al no delimitar el espacio? ¿Dónde empieza y termina el escenario en Psicodrama? La provocación, derivación genuina de todo proceso artístico, logró su cometido: terminé mí recorrido por el Congreso con menos respuestas y más preguntas que al inicio. 



Dos cuestiones – Gustavo Kendelman

Al pensar en relación a la escritura acerca de mi participación en el X Congreso Iberoamericano en Chile, insisten dos cuestiones, que intentaré esbozar a continuación.

Primera cuestión: Afectaciones
Tiene que ver con algo que pude pensar finalizando el taller en el que participé el día sábado, último día del Congreso, en el último de los horarios. El espacio que comenzaba a marcar la finalización del tan esperado evento…
Y lo que insiste tiene que ver con un tema que, podría decir, viene instalándose como pregunta, como inquietud, a veces con cierta incomodidad. Está relacionado con la posibilidad de pensar y pensarnos (en tanto coordinadores de un grupo, en tanto psicodramatistas principalmente) al momento de proponer un espacio de taller vivencial cuya condición misma de posibilidad es lo efímero, al menos en lo que a tiempos y espacios de existencia en presencia del taller y sus participantes y coordinadores se trata. En fin, la pregunta sería, ¿Cómo pensamos y proponemos un espacio vivencial cuando ese espacio durará unas dos horas y luego cada quien retomará sus espacios y no está la posibilidad de enmarcar lo trabajado en un proceso? En este punto, ya saliendo de la sede del congreso (se había terminado…!) y conversando con una colega, pensaba que hay algo que podríamos decir, en tanto coordinadores, cuando se proponen espacios de un gran compromiso emocional, muchas veces desde lo personal compartido en grupo, algunas veces desde cierto goce catártico-exhibicionista con público.
Y es que una de las cosas que podemos “llevarnos”, es la posibilidad de habernos dejado afectar. Haber sido afectados por una consigna, entonces por un recuerdo, por la evocación de un rostro, de un tono de voz, de una temperatura o de lo que sea, es algo que tiene, digo, un valor en sí. Más allá de la modalidad de manifestación de dicha afectación (más ruidosa, en silencio, apenas visible o claramente emocionadxs), lo que creo que debería ser importante señalar es que si nos hemos afectado, es porque tenemos esa capacidad, de ser afectados, en nosotros (no diría que tenemos esa capacidad “dentro” de nosotros porque creo que la polaridad adentro/afuera, y más en un grupo de psicodrama es, por lo menos, difusa). ¿Hemos necesitado que dicha afectación lograra tomar cuerpo en un espacio grupal? Pues es importante que registremos eso también. ¿Hemos sentido un profundo bloqueo en nuestra capacidad de ser afectados? Pues entonces es importante quedarnos también con ese registro. El registro del bloqueo es el contradictorio registro de una afectación otra, defensiva quizá pero creo que no se agota en esta finalidad; pero sostengo que si hay registro del bloqueo, ya hay algo allí… La contracara de esto sería la realización de un “como sí dentro del como sí”, donde nos deslizaríamos desde el complejo y ambiguo territorio de la ficción al frío desierto de lo falso.

Segunda cuestión: Y lo grupal…
Para finalizar, y a partir de los espacios en los que tuve la posibilidad de participar, pienso en el escaso lugar que ha tenido lo grupal como elemento que merece y necesita de un espacio de pensamiento y teorización. Los grupos han estado presentes de hecho, pero mi impresión (y aclaro, es la impresión que me llevo escribiendo únicamente a partir de mi experiencia en los distintos talleres en los que pude participar) es que lo que (in)justamente se da por sentado constituye uno de los pilares en los que nuestras prácticas como psicodramatistas se apoya, se trate del grupo como elemento-espacio-objeto en presencia o como grupalidad interna…
Creo que ciertos fenómenos que tienen lugar en una configuración grupal le otorgan mayor consistencia al psicodrama y, en sentido inverso, el psicodrama se constituye como una práctica (término que contiene, incluye y presupone una teoría) privilegiada para tener en los grupos su escenario principal.
Gracias a Gloria Reyes y equipo por haber organizado un gran Congreso Iberoamericano, que disfrutamos desde múltiples lugares. Nos preparamos para Lisboa 2017. Allí estaremos.


*Psicólogos - Psicodramatistas
Miembros del Equipo Docente de
 Nuevo Espacio Psicodrama Grupal Pavlovsky
pabloruocco@hotmail.com | gkendelman@gmail.com

Texto publicado en la Revista Campo Grupal N° 178, Julio de 2015

miércoles, 15 de julio de 2015

Reflexiones sobre el concepto de Clínica Ampliada | Ensayo

En su texto “Psicodrama Grupal Hoy: Clínica de la Diversidad” (Actualidad Psicológica, Enero 2011), Carolina Pavlovsky plantea que “la inclusión del Psicodrama como herramienta en la clínica produce en algunos, una nueva forma de concebir el acontecimiento grupal: el relato discursivo deviene ´pensamiento en escenas´”, concepto desarrollado por Martinez Bouquet, F. Moccio y E. Pavlvosky.
Ahora bien, si el teatro le permitió a J. L. Moreno concebir una modalidad clínica en donde los pacientes pudiesen dramatizar, sin dejar de lado la palabra, sino, por el contrario, potenciándola con la inclusión del cuerpo, el espacio, la acción… De la misma forma, podemos pensar la Musicoterapia, la Danza/Movimiento-Terapia… disciplinas en pleno crecimiento en las cuales, análogamente, ofrecen elementos provenientes de las artes al servicio del quehacer terapéutico. Si la máxima moreniana enuncia: “no lo relates, hacelo”, podríamos inferir otras tantas: “no lo relates, cantalo/ sonorizalo/ danzalo”.
Ese fue el desafío que nos propusimos con una colega musicoterapeuta: concebir un espacio clínico grupal en donde lo diverso de los dispositivos, recursos y técnicas, promueva, coincidiendo no solo desde la reflexión, sino también desde la práctica, con lo que C. Pavlovsky describe como una nueva noción, la clínica ampliada: “no reducida a las prácticas paradigmáticas y hegemónicas y saberes incluso a nivel académico; clínica que abandone sus refugios sedentarios y se anime a transitar nuevos territorios en un compromiso de construcción social”. Una clínica ampliada, tanto en sus posibilidades conceptuales, como en su producción de sentidos. Asimismo, desde la coordinación, ampliar el “pensamiento en escenas” a un pensamiento en partituras, en coreografías…, en las infinitas posibilidades que el entrecruzamiento de tales dispositivos permita.
Sosteniendo la premisa que C. Palvlovsky refiere: “aprendimos la plasticidad para tolerar el caos, las intensidades inesperadas, lo diverso que supone el acontecimiento grupal”. Por qué no, entonces, aprender también a tolerar la multiplicidad de lenguajes posibles – dramático, sonoro, danzado - en tanto diversas vías de expresión al servicio del grupo. Lenguajes todos ellos comunes y universales, pero al mismo tiempo, potentes y ambiguos. Capaces de abrir a nuevas significaciones, con la espontaneidad y la creatividad como estandartes.
Sin embargo, esto no significa promover el “todo vale”. Porque, al decir de una estudiante de Psicodrama, “si vale todo, nada vale”. No. Esta propuesta es sencillamente una punta más del ovillo, que invita a seguir desenredando, articulando diversas disciplinas, el nudo grupal. Con la capacitación y conocimientos correspondientes y necesarios para ello.
En el texto anteriormente mencionado, C. Pavlovsky, finaliza diciendo que “la DIVERSIDAD produce OTRAS SUBJETIVIDADES y OTRAS REALIDADES. Es potencia de transformación, y nos conecta con afectos más solidarios e inclusivos”. Habilitar a que convivan, en un mismo espacio clínico, diversas técnicas, recursos, dispositivos expresivos, permitiría, seguir potenciando, transformando, conectando… en un gerundio continuo, que no es otra cosa que el movimiento: de la escenas, del sonido, de la danza.


Revista Campo Grupal
N° 169. Agosto de 2014

miércoles, 24 de junio de 2015

Psicodrama de la vida cotidiana: Proximidades y distancias*


                Aquí comienza un espacio nuevo, distinto. Una posibilidad de pensar (nos) desde una perspectiva diferente, en donde lo cotidiano pueda verse atravesado por “lo dramático”. Una forma lúdica, creativa –al menos esa es la intención- de enfrentar situaciones, momentos, escenas del día a día. Como si pudiésemos reflexionar sobre cuestiones comunes a todos, desde un ángulo novedoso, incluyendo al cuerpo, el espacio, “lo dramático”.
                Señoras y señores, bienvenidos al este nuevo espacio: “Escenas de la vida cotidiana”. Y el hablar de escenas no es algo inocente. No se trata de examinar fragmentos de películas, mucho menos de indagar en alguna cuestión privada de algún famoso de la farándula. La intención es poder usar el Psicodrama, como un modo de ver la realidad. Para ello, en primer lugar, vale aclarar de qué se trata el Psicodrama. Veamos…
                Entre las décadas del 30 y del 40 del siglo pasado, un médico y director teatral llamado Jacob L. Moreno, concibió un modo de tratar a sus pacientes diferentes a los concebidos hasta el momento: bajo la premisa de “no me cuente lo que le sucede, muéstremelo”, invitaba a sus pacientes a “representar” sus conflictos, dificultades y cuestiones penosas. Es decir que, en vez de hablar de sus problemas, los “actuaban”. Esto generó una revolución en el campo de las psicoterapias ya que implicaba dos grandes cambios: por un lado, pasar de un tratamiento individual a otro, grupal; por el otro, pasar de la palabra a la acción. Con el correr de los años, el Psicodrama fue desarrollándose en diversos espacios y modalidades, enriqueciendo no solo el quehacer clínico, sino también lo educativo, lo social, lo comunitario… Las premisas básicas son: poder pensar “en escenas”, es decir, invitar a los participantes a pasar del plano verbal, al dramático, pudiendo desplegar en un espacio delimitado –escenario- sus propias escenas, para poder entenderlas, reflexionando al respecto en un contexto grupal. Moreno, decía que existen cinco pilares esenciales en todo Psicodrama, a saber:
-          Protagonista: es quien ofrece su escena para dramatizar
-          Yo auxiliar: quien(es) participa(n) de la escena, tomando algún otro rol (ej. Madre, padre)
-          Director: es quien dirige, coordina la escena, interviniendo al momento de considerarlo.
-          Espacio dramático: es el espacio en donde se realiza la puesta en escena
-          Público: el resto de los participantes, quienes observan la dramatización
Ahora bien, ¿cómo introducir el Psicodrama, y  sus respectivos pilares, en un plano discursivo como es el presente escrito?               
                La propuesta es pensar el Psicodrama, mejor dicho desde el Psicodrama, escenas de la vida cotidiana, situaciones comunes, aparentemente banales,  para poder mirarlas, desde una perspectiva grupal –en este caso, yo escribiendo, ustedes leyendo. El desafío será el de indagar en sucesos en apariencia triviales, sin la exigencia de generar teoría, sino un modo singular de producir texto, enhebrando experiencias, situaciones, “escenas” de la vida cotidiana, con los modos de intervención, técnicas y conceptos provenientes del Psicodrama. Esa es la propuesta…
                Un joven de unos 30 años (protagonista), en su casa (espacio dramático), un día de semana por la noche. Desde hace algunas semanas está conociendo a una chica de su edad (yo auxiliar), a quien invitó a cenar, esa misma noche, a su casa. Suena el timbre, la chica se presenta a la hora acordada. Él sale, dispuesto a mostrar su mejor versión. Pero…
                Cuando intenta realizar el cotidiano acto de abrir el portón de su casa, la llave no gira más que media vuelta. Vuelve a intentar. Nada. Intenta nuevamente. Tampoco. Con menos astucia que nervios, resiste a mostrarse incapaz de resolver el problema: una llave que no gira, un portón que no abre, un encuentro que no se termina de realizar. Se siente incómodo, algo avergonzado. Él de un lado, ella del otro. Llamativamente, y lejos de lo que él supone, ella se muestra tranquila, como si las rejas que los separara no fueran más que eso: una serie de barrotes que en algún momento cederán a las ganas de ambos. “No me dás un besito entre las rejas?”, invita ella, desafiando la limitante de hierro que los distancia. Sin embargo, él siente que la resolución de dicho entuerto depende sólo de él: acude a su módica y precaria caja de herramientas. Con una habilidad menos real que impuesta, recurre a diversos artilugios, lo que da como único resultado la rotura de la llave, producto de exceso de fuerza y falta de ingenio. El panorama es cada vez peor: sus nervios van in crescendo. Ella, como si estuviese en la plaza más agradable del barrio, sede al cansancio y se sienta en la vereda. Luego de otros tantos intentos infructuosos, él decide hacer lo que nunca hubiese querido: pide ayuda; llama a un cerrajero.

Despliegue de la escena.
                A grandes rasgos, bastaría con ubicar al protagonista, a la chica y, por qué no, la reja. Tres roles, tres lugares que producen tensiones, que se ubican a distancias paradójicas: cercanos pero inalcanzables.
                Un primer momento para intervenir: el sonar del timbre que invita al joven a salir al encuentro de ella. Si les preguntáramos que sienten en ese momento? El: ansiedad, alegría. Ella: expectante, algo de incomodidad.
                Se sigue rodando la escena. Él llega al portón, introduce la llave en la cerradura; no abre. Cambio de afectaciones. Él comienza sentir impotencia, nervios, y algo de bronca; ella paradójicamente se siente más tranquila.
                Una inversión de estos roles puede dar luz a diversas perspectivas y construir nuevos sentidos. Él (en el rol de ella) encuentra una extraña serenidad. Ella (en el rol de él) puede percibir con mayor claridad el peso del anfitrión trunco.
                Retomando los roles originales, se abre paso (y no sin cierta paradoja) a indagar a la reja en tanto rol, espacio “entre” él y ella que genera una distancia distinta a la medible. “En las dramatizaciones, incorporamos la noción de "entre". Las voces que rodean la escena. Los movimientos, ritmos, sonidos e imágenes del modo como la escena "afecta" al grupo. Lo que recorre el contorno de la escena. Los bordes de lo plegado. (…) Todo aquello que pasa “entre” los miembros” (Kesselman-Pavlovsky).
                Por lo tanto, concebir un nuevo espacio, una otra voz permite dar lugar a nuevos textos, sin rostro, sin ser él ni ella, sino la máquina que entre ellos se compone: explorando ese espacio, surgen nuevos afectos: sensación de intromisión, de obstrucción, de aquello que separa y al mismo tiempo sostiene –y potencia- el deseo… Sonidos tensos, cuerpos comprimidos, máquina del desencuentro.

                Y así, casi sin darnos cuenta, vamos dando por finalizado este primer Psicodrama de la Vida Cotidiana; entendiendo que por “final” no queremos decir “cierre”, sino todo lo contrario: apertura de sentidos, multiplicación de perspectivas y afectos, que nutren, enriquecen, amplían nuestra singular manera de ver las cosas… por más cotidianas que parezcan.

Lic. Pablo Ruocco

*Texto publicado en la Revista Mente Libre N° 17, 2015