viernes, 18 de marzo de 2016

Notas acerca de un uso posible de la Música en Psicodrama | Ensayo


Gustavo Kendelman
 gkendelman@gmail.com

En el cuaderno donde comencé a escribir este breve artículo, quedan varios párrafos, en suspenso hasta nuevo aviso, en los cuales intento dar cuenta de un modo más “teórico” (no encuentro otro término en este momento) sobre el tema del título. Si esos párrafos llegaran a convertirse en otro artículo, tendrán que ver con cuestiones tales como qué tipo de movilizaciones puede llegar a producir la música, los factores regresivos en juego (junto con la enorme capacidad de la música para que ellos surjan), las interferencias o direccionamientos (tomando la distinción que realiza Marcelo Percia respecto de dirigir y direccionar) que podrían producirse a través del uso de este recurso, los posibles para qué del uso de la música, etc.
Pero ahora tengo ganas de compartir un modo de trabajar con música que particularmente me gusta mucho. Dejo en claro que es probable que haya tantos modos de utilizarla, junto con lo musical, como coordinadores y grupos existan.
La modalidad que referiré no requiere de la utilización de ningún CD ni equipo de música (en general  me oriento a la prácticamente nula utilización de objetos concretos y reales; esto no se debe a que tenga algún tipo de objeción ante la posibilidad de su uso, es simplemente un rasgo personal…). En fin, les decía entonces que lo que me gusta proponer es que cada unx evoque una melodía. Una evocación, en un primer momento silenciosa, un repiqueteo íntimo con otrxs… En general solicito que se le dé lugar a la primera que aparezca, sin ningún prejuicio ni valoración estética. El pedido de esta consigna es generalmente luego de un caldeamiento más o menos inespecífico, estando todxs en movimiento. Sostengo que la posibilidad de evocar ya sea una melodía, un color, un recuerdo, un afecto, etc., tiene mayores (y  hasta diría mejores) condiciones de surgir en el contexto de una caminata (o del movimiento que sea posible) que estando sentados en el piso o acostados (Evans y Smolovich, en su artículo “La formación en psicodrama psicoanalítico grupal” han trabajado de modo muy bello las implicancias de la propuesta del simple “¿Caminamos?”).
A esa evocación silenciosa pido que lentamente vayan dándole más volumen, más cuerpo, mayor intensidad. Todos juntos, a la vez. Suelo pedir que a esa melodía, en un volumen intermedio (puede haber momentos previos realmente caóticos) le agreguen algún/os movimiento/s corporal/es, movimientos evocados en conexión con la melodía o canción que cada quien ha traído. Nótese que no propongo bailar. Creo que si la consigna fuese bailar, el universo de movimientos posibles quedaría sensiblemente limitado. La posibilidad de afectación y de creación podría verse disminuida, dejando por fuera posibles movimientos anómalos con una potencial capacidad subjetivante (dejo para otro momento la cuestión  de pensar qué nos va pasando con el bailar, así como con el dibujar: lxs niñxs bailan antes de caminar, un baile propio, caótico a veces, pero rebosante de alegría. Lo mismo con el dibujar, ¿qué niñx no pasa por el dibujo previamente a la adquisición de la lectoescritura? ¿Dónde queda esa necesidad casi imperiosa de que el mundo pase por esos trazos, ya sean en papel, ya sean corporales…?). Por todo esto es que no propongo bailar sino movernos.

Hasta aquí, entonces, una consigna. Desde las líneas que piensotrabajo (psicodrama de la multiplicidad), lo que se va produciendo en el grupo a partir de la consigna que les cuento puede tener diversos devenires. Evocación de escenas, evocación imaginaria de otrx/s que podría/n acoplarse a mis movimientos, profundizar la línea de lo corporal habilitado por el trabajo previo, en fin, lo que me gusta llamar la cadena asociativa dramática. Se podría también pasar a un momento de sharing verbal… En los grupos de formación, estas consignas me parecen muy interesantes para transmitir de modo vivencial las múltiples vías de evocación de escenas, recuerdos, afectos, etc. La mencionada cadena asociativa… Porque como dice Fabián Casas: “Nuestra vida está hecha de imágenes que se incrustan en la memoria precisamente porque remiten a tantos significados que no podemos darle un solo sentido y guardarlas en el cajón para siempre. Estas imágenes no nos dejan tranquilos. Y es probable que ninguna imagen, ninguna canción sea tan importante si no le agregamos nuestra huella vital (“Abbey Road”, en Ensayos Bonsai, subrayado propio)”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario